Una situación desagradable
Cuando me meto de lleno en un proyecto, sobre todo si tiene "fecha de entrega", procuro que otras actividades, influencias o intereses no interfieran con él. Así que elijo mis actuaciones cuidadosamente, de forma que entro en Facebook un par de veces al día para mantenerme en contacto (porque nunca me lleva más de diez minutos), pero dejo el Blog un poco de lado ya que consume algo más de tiempo.
Sin embargo, hoy voy a hacer una excepción. Y es que aún tengo cierto mal sabor de boca por una cosa que ha pasado esta mañana y sé que no voy a poder concentrarme en nada hasta que no lo digiera.
Perdonadme la perorata, pero creo que entenderéis mi "acidez estomacal" en cuanto os relate el hecho...
Como todos los miércoles, he salido a tomar café con Verónica, la mujer del jefe de Pablo, que es, además de amiga, española. Hoy se nos han unido sus hijas, niñas bilingües (prácticamente "tri") de 16 y 12 años, que están en plenas vacaciones de octubre. La temperatura era tan agradable (¡oh, maravilla!) que nos hemos sentado en la terraza de "nuestra" cafetería de siempre.
Me han contado que ayer se compraron unos ocho libros de una vez (también son "libro-adictas") y, claro, hemos terminado hablando de literatura, en general: qué libros han leído últimamente, dónde venden libros baratos, qué tipo de libros les gusta leer, géneros literarios, librerías donde venden ejemplares en español...
Estábamos enfrascadas en nuestra charla cuando un señor ha comenzado a gritarnos a pleno pulmón: "Esto es Alemania, aquí se habla en alemán. Tanto bla-bla-bla, en un idioma extranjero. Tú, sí, tú... que esto no es África, aquí se habla alemán"... Nos hemos quedado ojopláticas y patidifusas, claro. Hemos perdido el hilo de la conversación y la situación se ha puesto tan incómoda, que hemos tenido que pedir la cuenta aunque aún era pronto.
En este punto es necesario aclarar, sin embargo, dos cosas.
La primera es que el hombre, Manfried, no está en pleno uso de sus facultades. Alcoholizado, lobotomizado o, simplemente, retrasado... el caso es que el interfecto no está en sus cabales y de eso ya nos habíamos dado cuenta en cuanto se sentó a nuestro lado.
La segunda es que la dueña del local, Elke, una señora amabilísima que tiene una tía española que vive en Burgos, que veranea cada año en Mallorca y que nos tiene cierto cariño, no sólo se ha disculpado mil veces y ha pasado peor rato que nosotras, sino que se ha enfrentado con el individuo delante de toda la clientela y ha intentado hacerle callar: primero, por las buenas ("Manfried, si tú fueses a España o a África... ¿qué idioma hablarías?") y después, por las malas ("En este local queremos a todo el mundo, Manfried, pero si continúas con esta actitud de molestar a los clientes, voy a tener que prohibirte la entrada. Y te aseguro que llamaré a la policía si hace falta").
Por supuesto, volveremos al local. Siempre que no esté ese loco cerca, claro...
Este país me ha acogido con cariño, aunque sé que hay gente que, por desgracia, piensa igual que Manfried sin, aparentemente, tener ningún problema mental. Y esta historia se repite en todos los países del mundo, todos los días. Es una actitud que siempre (y no sólo hoy, que la víctima he sido yo) me ha producido mucha tristeza.
Pero al menos debo alegrarme de que mi única experiencia con intolerantes (primera y, espero, también última) haya sido con Manfried, acompañada por amigas y rodeada de gente amable.
Besos.
Sin embargo, hoy voy a hacer una excepción. Y es que aún tengo cierto mal sabor de boca por una cosa que ha pasado esta mañana y sé que no voy a poder concentrarme en nada hasta que no lo digiera.
Perdonadme la perorata, pero creo que entenderéis mi "acidez estomacal" en cuanto os relate el hecho...
Como todos los miércoles, he salido a tomar café con Verónica, la mujer del jefe de Pablo, que es, además de amiga, española. Hoy se nos han unido sus hijas, niñas bilingües (prácticamente "tri") de 16 y 12 años, que están en plenas vacaciones de octubre. La temperatura era tan agradable (¡oh, maravilla!) que nos hemos sentado en la terraza de "nuestra" cafetería de siempre.
Me han contado que ayer se compraron unos ocho libros de una vez (también son "libro-adictas") y, claro, hemos terminado hablando de literatura, en general: qué libros han leído últimamente, dónde venden libros baratos, qué tipo de libros les gusta leer, géneros literarios, librerías donde venden ejemplares en español...
Estábamos enfrascadas en nuestra charla cuando un señor ha comenzado a gritarnos a pleno pulmón: "Esto es Alemania, aquí se habla en alemán. Tanto bla-bla-bla, en un idioma extranjero. Tú, sí, tú... que esto no es África, aquí se habla alemán"... Nos hemos quedado ojopláticas y patidifusas, claro. Hemos perdido el hilo de la conversación y la situación se ha puesto tan incómoda, que hemos tenido que pedir la cuenta aunque aún era pronto.
En este punto es necesario aclarar, sin embargo, dos cosas.
La primera es que el hombre, Manfried, no está en pleno uso de sus facultades. Alcoholizado, lobotomizado o, simplemente, retrasado... el caso es que el interfecto no está en sus cabales y de eso ya nos habíamos dado cuenta en cuanto se sentó a nuestro lado.
La segunda es que la dueña del local, Elke, una señora amabilísima que tiene una tía española que vive en Burgos, que veranea cada año en Mallorca y que nos tiene cierto cariño, no sólo se ha disculpado mil veces y ha pasado peor rato que nosotras, sino que se ha enfrentado con el individuo delante de toda la clientela y ha intentado hacerle callar: primero, por las buenas ("Manfried, si tú fueses a España o a África... ¿qué idioma hablarías?") y después, por las malas ("En este local queremos a todo el mundo, Manfried, pero si continúas con esta actitud de molestar a los clientes, voy a tener que prohibirte la entrada. Y te aseguro que llamaré a la policía si hace falta").
Por supuesto, volveremos al local. Siempre que no esté ese loco cerca, claro...
Este país me ha acogido con cariño, aunque sé que hay gente que, por desgracia, piensa igual que Manfried sin, aparentemente, tener ningún problema mental. Y esta historia se repite en todos los países del mundo, todos los días. Es una actitud que siempre (y no sólo hoy, que la víctima he sido yo) me ha producido mucha tristeza.
Pero al menos debo alegrarme de que mi única experiencia con intolerantes (primera y, espero, también última) haya sido con Manfried, acompañada por amigas y rodeada de gente amable.
Besos.

Comentarios
Ni de coña volvería al local! Que pena que ha perdido un cliente habitual! Por menosn cosas dejo yo de ir a sitios, eh?
Es muy sencillo lo demás! Como ESPAÑOLES no deberíamos dejar que nos trataran como a una chusma! Eso dbe ser gracias a nuestros políticos que se pasean por Europa y medio mundo dejandonos al resto a la altura del betún!
Por cierto, deberíamos obligar a la gente a hablar CASTELLANO! Y el que no lo quiera hablar, que se vaya a su país! No soy racista, sólo soy ordenado!!
Besotes Gordos Para Los Seis!!
YPEECPMS!!
En un viaje en autobus entre vigo y oporto me llamaron por telefono, una amiga y claro me puse a contestarla (en catalan). De golpe empiezo a escuchar comentarios de que estabamos en españa y alli se hablaba castellano, que era una falta de educacion hablar en polaco etc, pero es que fue todo el puñetero autobus, no el loco del pueblo. Estoy seguro que no hubiera el mas minimo comentario si me pongo a contestar en chino, japones o suajili
Respecto a lo que dice Pau estoy totalmente de acuerdo en que si hubiese contestado en francés o con acento extremeño nadie hubiese dicho nada, cuán atrevida es la ignorancia!
Besos!!
Pau,el gallego es muy gallego,actuaste muy bien, porque a nadie le interesaba tu conversación,hablabas con tu amiga.besos Teresa