Coleccionistas
Ya sabéis que este blog va de nuestra vida en Germanolandia,
de vivencias, de curiosidades y de extrañas costumbres alemanas. El otro día,
por ejemplo, le comentaba por FB a una amiga (Amaya, quien, por cierto, escribe un blog muy interesante) que aquí a las palmeras —con chocolate o sin
chocolate— se las llama «orejas de cerdo». Y apuntaba otra amiga que a los
teutones a veces les falla el marketing, y sabe bien de lo que habla,
porque está casada con un alto y guapo alemán ;)
Pero no era de orejas de cerdo de lo que quería hablaros,
sino de otra costumbre alemana: el coleccionismo. Muñecas de porcelana, descapotables,
perfumes, abrebotellas (quitachapas), teteras, trenes de juguete… Todo es
susceptible de coleccionarse. Y no creáis que es algo solitario, nada de eso…
Una de las características más curiosas de los alemanes es que son poco sociables,
pero son asociacionistas: para todo tienen un club, como los ingleses. Debe de
ser un tic sajón.
El caso es que, hace unos meses, a los niños les dio por los
cromos de animales. Había en ese momento varias promociones en marcha y ambos
se embarcaron en la aventura con mucho entusiasmo: compramos los álbumes, unas
cajas para guardar los «repes», llevábamos una lista detallada de los que
teníamos y, una vez a la semana, pegábamos cuidadosamente las nuevas
adquisiciones. Pero las promociones llegaron a su fin. Y, como suele pasar, los
álbumes no estaban completos.
Gonzalo, sobre todo, quedó un poco decepcionado y triste. Así
que su padre llegó al rescate, tirando de agenda, preguntando a vecinos y
conocidos, para intercambiar los cromos que nos quedaban antes de tener que
recurrir a la (nada barata) solución de pedirlos a la editorial por correo. Y,
preguntando, preguntando, se enteró de que había varios sitios en Internet que
funcionaban como «central de intercambios», por así decirlo: tú me das estos y
yo te doy éstos. Un «sile-nole» virtual en el que la confianza es básica. Perdonad mi ignorancia si existe algo así en nuestra querida Iberia, pero, con
mi mentalidad española, me dije: «pufff, a ver cuánto caradura se aprovecha de
la buena disposición ajena…» Y es que a veces se me olvida que estoy en Alemania. Resulta que todo funcionó a las mil maravillas.
La primera
semana llegaron unas cinco cartas con cromos que nos faltaban. Para que os hagáis una idea, algunas, incluso, incorporaban notas
tan amables como esta:
![]() | ||
| "Muchas gracias por la oferta de intercambio y que se divierta con los cromos. Saludos cordiales, Sigrid". |
Pablo cumplió
también muy diligentemente con nuestra parte del intercambio, claro. Y en menos
de tres semanas de intenso ir y venir de sobres, terminamos la colección.
Para los que sintáis curiosidad, os dejo aquí un enlace que
también está en inglés. La web se llama, y traduzco literalmente, «cromitos.net».
Puede ser que, efectivamente, los alemanes no sean muy dados
al marketing, que no les gusten los eufemismos (si se parece a una oreja de
cerdo, pues es una oreja de cerdo) ni sean especialmente glamurosos. Pero
efectivos… A eso no les gana nadie.
Un saludo.


Comentarios
Aprovecho para darte las gracias por citar mi blog :-)
Besos desde España