San Martín, gansos y chucherías

«A todo cerdo le llega su San Martín», reza el dicho popular. Y es verdad. Nos hemos puesto como auténticos «cerdos» de chuches este fin de semana. Sí, ya se, ya sé… El refrán no quiere decir eso, precisamente, pero, ¿qué queréis? Dos kilos y medio de golosinas dan para muchas «cerdadas», os lo aseguro. En Alemania —también en Austria y en los Países Bajos— la víspera de San Martín los niños hacen una procesión con farolillos, cantando canciones alusivas al santo de Tours, recogiendo dulces y golosinas de puerta en puerta —sí, Halloween; los americanos no han inventado nada—. Así que, a pesar de la lluvia, Gonzalo salió con sus amigos y recogió ¡dos kilos y medio de chuches! Digo yo que con semejante botín deberían repartir también insulina…


Lo que queda del botín.

 Ya sabéis que yo no soy creyente, pero siento una gran curiosidad por el origen de las tradiciones populares en general, y las europeas en particular, la mayoría de las cuales han terminado, de una u otra forma, relacionadas con el hecho religioso. Por ejemplo: ¿sabéis que la festividad de San Martín de Tours se «colocó» más o menos en el día en que se celebraba el fin de la temporada de la recolecta, de la cosecha, y que marcaba el inicio de la temporada invernal? En época precristiana era el día en que se abrían por primera vez las barricas del vino nuevo y se hacía la matanza, y se celebraba una gran fiesta, con farolillos y fuego purificador, para pedir un invierno benévolo que augurara una buena primavera, y comerse las cosas que no se podían guardar o conservar. Esa fiesta marcaba el fin de los trabajos en el campo y el comienzo las actividades invernales: hilaban, tejían, cocinaban y preparaban las pieles las mujeres, cazaban y cortaban leña los hombres. Para los cristianos, pues, San Martín comenzó a marcar el día de la matanza, el fin de la octava de todos los santos y el inicio de la cuaresma. A Lutero lo llamaron Martín porque lo bautizaron el día de San Martín: el 11 de noviembre de 1483. Así que aquí lo celebran tanto católicos como protestantes.
Nosotros también lo celebramos como buenos «alemanes de adopción», con la recogida de chuches y con el ganso tradicional. Se dice que San Martín no quería que lo proclamaran obispo, así que el día de la elección se escondió en un establo lleno de gansos. Las pobres aves, molestas y asustadas, comenzaron a gritar, denunciando el escondite del santo, que fue inmediatamente «pillado» y nombrado obispo muy a su pesar. Por eso ayer fuimos a un restaurante y yo, fiel a la tradición, pedí ganso —acompañado de patatas al romero, lombarda y manzana asada— que estaba de rechupete y no es por daros envidia. Mas tarde, en casa, nos comimos unas chocolatinas y llamamos a mi primo Nacho para felicitarlo por su cumpleaños y por su bebé, Marcos, que no nació en San Martín, sino el día 6, como su tía Teresa —es decir, una servidora— había vaticinado, muy brujuelamente.
Y con esto y un bizcocho… Mmmmmm. Bizcocho… Creo que voy a darle un tiento a la bolsa de chuches. ;)

Comentarios

Entradas populares