Un microrrelato náufrago
Como no ha cruzado el mar, os regalo este pequeño relato:
Llevaba todo el día desazonado, inquieto, febril, con una sensación extraña que no lograba interpretar, cuando alguien en la oficina le avisó: «Pero hombre, Peláez, que vas por ahí perdiendo palabras». Se dio la vuelta y, con asombro, descubrió sobre la moqueta un reguero interminable: «ánade», «entelequia», «tuétano», «bisoñé», «elucubración» . Volvió sobre sus pasos y las fue recogiendo, una a una. En la parada del autobús encontró «salud». Estaba ahí, tirada, en un charco, y creyó comprender por fin lo que le sucedía. Pero cuando por la noche se metió entre las sábanas aún no se encontraba bien. Bajo la cama estaba «sonrisa». Y no se había dado cuenta.

Comentarios
GRAN historia amiga
SV desde madrid al dia siguiente de un fantastico y esperado encuentro