La crisis del pepino
No sé si lo sabéis: yo vivo en Baja Sajonia, el Estado Federal más afectado por el brote de E.coli enterohemorrágica de Alemania.
No estoy preocupada, de momento, estoy muy al sur. Pero tampoco tienen mucho miedo los habitantes de Hamburgo, la ciudad con más casos hasta hoy y (por fin comienzan a reconocerlo) más que probable foco del brote. A pesar de todo, la vida sigue.
Yo no he dejado de comer tomates, ni pepinos, ni lechuga, aunque el 50% de los alemanes sí lo ha hecho. En el supermercado no encuentro productos españoles, a pesar de que sé que son los más fiables, porque gracias a la alarma creada por la secretaria de sanidad de Hamburgo se cancelaron muchos pedidos (ya ha revertido la tendencia, pero aún tardaré en poder comprar un pepino de Almería). Ahora dicen que son los brotes de soja.
Es evidente el daño económico que todo esto ha causado y va a causar a medio plazo a nuestra agricultura (y a la de toda Europa, por lo que se está viendo). Pero me fastidia que muchas noticias de los periódicos se centren en el daño monetario, que es mucho, y nadie se pregunte por qué se está llevando tan penosamente todo lo relacionado con esta crisis.
El director médico de la clínica Charité de Berlín, Ulrich Frei, criticó ayer mismo la gestión de la epidemia por parte de las autoridades alemanas. Tan mal se está haciendo todo, con tanta falta de inforamción, que le dije a mi padre, medio en broma (antes de que exculparan a los pepinos españoles, como era de esperar) que igual estábamos ante un ataque de terrorismo biológico y que los alemanes estaban creando una cortina de humo. Nos reímos mucho.
La semana pasada Holger Rohde, investigador de la Clínica Universitaria de Hamburgo, dijo en una entrevista a El País que los pepinos habían sido acusados sin fundamento y que era evidente que el origen debía de estar en Alemania; pero también dijo que la tesis del terrorismo le parecía "una perfecta locura". Hoy, sin embargo, el jefe de los servicios de Higiene de la clínica berlinesa Vivantes, Klaus-Dieter Zastrow, ha dicho que podría haber un acto deliberado detrás del brote: "Es posible que algún tonto haya pensado: mato a un par de personas o provocó diarrea a 10.000. Perder de vista esa posibilidad sería un error", ha apostillado.
Lo único que está claro es que el brote infeccioso lo causa una variedad de E.coli hasta ahora desconocida. Los expertos de la Clínica Universitaria Eppendorf de Hamburgo, que son los que han identificado la bacteria (junto con expertos del Beijing Genomic Institute) dijeron que es "una combinación de genes nunca vista".
Reinhard Burger jefe del Instituto Robert Koch (RKI), que son los que estudian ahora los productos del restaurante de Lübeck que "provocó" 17 casos, aseguró que aún no hay indicios de la fuente concreta del brote y que quizá nunca llegue a hallarse. Según la revista "Focus", el mismo Instituto estaría barajando la posibilidad de que el brote comenzara en las celebraciones por el aniversario del puerto de Hamburgo, donde más de un millón de personas participaron en la fiesta del puerto, entre el 6 y el 8 de mayo. Una semana más tarde (el plazo normal de incubación) los primeros pacientes acudieron a la clínica universitaria Eppendorf.
En cualquier caso, la falta de datos concretos deja margen a todo tipo de especulaciones. Y es irritante, cuando no sorprendente, que aún no se sepa de dónde diablos viene esa bacteria mutante, porque eso la deja libre para seguir haciendo de las suyas.
Como he dicho, no estoy demasiado preocupada por ahora. Pero no estaría de más que las autoridades alemanas hicieran bien su trabajo, para variar...
Saludos.
No estoy preocupada, de momento, estoy muy al sur. Pero tampoco tienen mucho miedo los habitantes de Hamburgo, la ciudad con más casos hasta hoy y (por fin comienzan a reconocerlo) más que probable foco del brote. A pesar de todo, la vida sigue.
Yo no he dejado de comer tomates, ni pepinos, ni lechuga, aunque el 50% de los alemanes sí lo ha hecho. En el supermercado no encuentro productos españoles, a pesar de que sé que son los más fiables, porque gracias a la alarma creada por la secretaria de sanidad de Hamburgo se cancelaron muchos pedidos (ya ha revertido la tendencia, pero aún tardaré en poder comprar un pepino de Almería). Ahora dicen que son los brotes de soja.
Es evidente el daño económico que todo esto ha causado y va a causar a medio plazo a nuestra agricultura (y a la de toda Europa, por lo que se está viendo). Pero me fastidia que muchas noticias de los periódicos se centren en el daño monetario, que es mucho, y nadie se pregunte por qué se está llevando tan penosamente todo lo relacionado con esta crisis.
El director médico de la clínica Charité de Berlín, Ulrich Frei, criticó ayer mismo la gestión de la epidemia por parte de las autoridades alemanas. Tan mal se está haciendo todo, con tanta falta de inforamción, que le dije a mi padre, medio en broma (antes de que exculparan a los pepinos españoles, como era de esperar) que igual estábamos ante un ataque de terrorismo biológico y que los alemanes estaban creando una cortina de humo. Nos reímos mucho.
La semana pasada Holger Rohde, investigador de la Clínica Universitaria de Hamburgo, dijo en una entrevista a El País que los pepinos habían sido acusados sin fundamento y que era evidente que el origen debía de estar en Alemania; pero también dijo que la tesis del terrorismo le parecía "una perfecta locura". Hoy, sin embargo, el jefe de los servicios de Higiene de la clínica berlinesa Vivantes, Klaus-Dieter Zastrow, ha dicho que podría haber un acto deliberado detrás del brote: "Es posible que algún tonto haya pensado: mato a un par de personas o provocó diarrea a 10.000. Perder de vista esa posibilidad sería un error", ha apostillado.
Lo único que está claro es que el brote infeccioso lo causa una variedad de E.coli hasta ahora desconocida. Los expertos de la Clínica Universitaria Eppendorf de Hamburgo, que son los que han identificado la bacteria (junto con expertos del Beijing Genomic Institute) dijeron que es "una combinación de genes nunca vista".
Reinhard Burger jefe del Instituto Robert Koch (RKI), que son los que estudian ahora los productos del restaurante de Lübeck que "provocó" 17 casos, aseguró que aún no hay indicios de la fuente concreta del brote y que quizá nunca llegue a hallarse. Según la revista "Focus", el mismo Instituto estaría barajando la posibilidad de que el brote comenzara en las celebraciones por el aniversario del puerto de Hamburgo, donde más de un millón de personas participaron en la fiesta del puerto, entre el 6 y el 8 de mayo. Una semana más tarde (el plazo normal de incubación) los primeros pacientes acudieron a la clínica universitaria Eppendorf.
En cualquier caso, la falta de datos concretos deja margen a todo tipo de especulaciones. Y es irritante, cuando no sorprendente, que aún no se sepa de dónde diablos viene esa bacteria mutante, porque eso la deja libre para seguir haciendo de las suyas.
Como he dicho, no estoy demasiado preocupada por ahora. Pero no estaría de más que las autoridades alemanas hicieran bien su trabajo, para variar...
Saludos.

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