Valentía
Odio la palabra "coraje". Pero la palabra "valentía" no es mucho mejor. Dicen que cuando uno no encuentra la palabra adecuada, es mejor no decir nada. Pero me niego a callar cuando lo que hay que decir es tan inmenso.
Tengo una amiga. Bueno, tengo una Amiga. De esas con "A", mayúscula. De las que da igual cuánto tiempo pase, o lo lejos que estéis. De esas con las que el cariño es fácil y se da por sentado, y que tienen la sonrisa pronta y son sinceras y te dicen lo mismo un piropo que te dan una colleja cuando lo mereces, porque sí, porque han estado ahí, como tú, y porque conocen el gran secreto, ese que sabemos todos pero que sólo algunos agarran con las dos manos: que la vida está hecha de excremento y de mermelada de fresa, todo junto en un revuelto pringoso y emocionante, que merece la pena probar. Y exprimir. Y disfrutar. A pesar de todo.
Y porque lo saben, y porque saben que hay cosas que no se piden, sino que se dan, un día se levantan y deciden regalar un riñón a un ser querido que lo necesita, para que no sufra más la mortificación de depender de una máquina. Y sin darse ni pizca de importancia te estampan en la frente una lección de integridad moral y de coherencia ética que te deja sin palabras.
Es por eso que odio la palabra "coraje". Y odio la palabra "valentía". No sirven. Se quedan, temblando de miedo, escondidas en el diccionario, cuando alguien así, como mi Amiga, da un paso al frente.
Mi verbo no está a la altura de su acción. Pero la admiración que siento me obliga a no callar.
Un beso, Cris.
Tengo una amiga. Bueno, tengo una Amiga. De esas con "A", mayúscula. De las que da igual cuánto tiempo pase, o lo lejos que estéis. De esas con las que el cariño es fácil y se da por sentado, y que tienen la sonrisa pronta y son sinceras y te dicen lo mismo un piropo que te dan una colleja cuando lo mereces, porque sí, porque han estado ahí, como tú, y porque conocen el gran secreto, ese que sabemos todos pero que sólo algunos agarran con las dos manos: que la vida está hecha de excremento y de mermelada de fresa, todo junto en un revuelto pringoso y emocionante, que merece la pena probar. Y exprimir. Y disfrutar. A pesar de todo.
Y porque lo saben, y porque saben que hay cosas que no se piden, sino que se dan, un día se levantan y deciden regalar un riñón a un ser querido que lo necesita, para que no sufra más la mortificación de depender de una máquina. Y sin darse ni pizca de importancia te estampan en la frente una lección de integridad moral y de coherencia ética que te deja sin palabras.
Es por eso que odio la palabra "coraje". Y odio la palabra "valentía". No sirven. Se quedan, temblando de miedo, escondidas en el diccionario, cuando alguien así, como mi Amiga, da un paso al frente.
Mi verbo no está a la altura de su acción. Pero la admiración que siento me obliga a no callar.
Un beso, Cris.

Comentarios
No cambiéis nunca.
Tu QE
Gracias, gracias por considerarme tu amiga y no haberme olvidado en tanto tiempo. Hay afectos que unen para siempre. Y son precisamente el afecto, el cariño, el amor, los que mueven el mundo, y los que mueven a las personas a dar pasos como el mío; pequeños pasos que hacen que las cosas puedan ir cambiando....
Me siento orgullosa de tenerte conmigo y feliz de saber que estás ahí, que sigues ahí..., gracias, de corazón.