Los calores veraniegos
Yo quería calor, pero esto ya es demasiado. Tengo las meninges cocidas y las pestañas churruscadas por la canícula. Mi tensión arterial, normalmente a nivel del suelo, se ha hecho subterránea. Arrastro mi existencia diurna como alma en pena y por las noches duermo cocida en mi propia salsa con regusto a barbacoa gigante.
Temo convertirme en una fricassée mal cocinada. O arder en combustión espontánea.
Y pensar que yo debería estar ahora en Islandia...
Ironías vitales y jugarretas del destino.
Un beso.
Temo convertirme en una fricassée mal cocinada. O arder en combustión espontánea.
Y pensar que yo debería estar ahora en Islandia...
Ironías vitales y jugarretas del destino.
Un beso.

Comentarios
Ah, y ponles etiquetas a los niños que con el tiempo que hace que no los ve no los va a reconocer.
Besos a 66 grados