Los calores veraniegos

Yo quería calor, pero esto ya es demasiado. Tengo las meninges cocidas y las pestañas churruscadas por la canícula. Mi tensión arterial, normalmente a nivel del suelo, se ha hecho subterránea. Arrastro mi existencia diurna como alma en pena y por las noches duermo cocida en mi propia salsa con regusto a barbacoa gigante.
Temo convertirme en una fricassée mal cocinada. O arder en combustión espontánea.
Y pensar que yo debería estar ahora en Islandia...
Ironías vitales y jugarretas del destino.
Un beso.

Comentarios

Pablo ha dicho que…
Tu lo que necesitas es que tu QE se deje de andar por ahí de viajes y te haga un poco de caso. A ver si mañana lo veo por aquí y te lo mando "pa' casa" a esperarte.
Ah, y ponles etiquetas a los niños que con el tiempo que hace que no los ve no los va a reconocer.
Besos a 66 grados

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