Sobrevivir una semana sin Internet (y II)

Y reflexionando acerca de la desconexión...
Internet, como tantas otras cosas, es relativo... Es bueno o malo, útil o inútil, naranja o limón, dependiendo de cómo se use. Puede ser un mero entretenimiento, una fuente de información o un trabajo "full-time". Nosotros, mi QE y yo, usamos Internet de todas aquellas maneras no dañinas que nos puedan ser útiles: desde mantenernos en contacto con nuestros seres queridos en España hasta comprar libros o entradas de cine. Somos un par de Homo Sapiens Electrónicus a mucha honra.
Hay gente que puede y sabe permanecer ajena a la red con mucha dignidad y sin complejos. Y otros que hacen de la desconexión su bandera, en plan recalcitrante. Como el tipo que descubrí el otro día en la tele por casualidad, protagonista de un esperpento disfrazado de documental pseudocientífico y aventurístico. El individuo, un ser bastante desgradable, nos enseñaba cómo sobrevivir en el desierto del Sáhara comiendo barro, escarabajos, testículos de cabrito crudos y otras delicatessen. En una especie de loa a sí mismo y a lo "qué macho soy, cachiendiez", aprendí cómo quitarle la piel al cadáver de un camello sin pincharle las tripas, cómo beber agua de su tercer estómago y cómo meterme dentro de sus costillas si me encuentro ante una tormenta de arena. Todo un manual de instrucciones tan inútil como morboso... Porque en la era de Internet, la única probabilidad que tenemos los Homo Sapiens Electrónicus (y los no tan Electnónicus) de perdernos en un desierto es meternos en google earth y darle un par de vueltas al mapa (gallinita cieta, qué se te ha perdido...).
Y pensé, "está bien esto de saber cosas y apernder trucos para sobreponerse al salvaje mundo que nos rodea". Y luego también pensé, "pero yo pasé una semana sin Internet, y este tío no saldría vivo del desierto ni con el Kit de Supervivencia de la Señorita Pepis". Porque la única sed que pasó este Robinson de pacotilla fue la sed de atención, fama o notoriedad. De la sed de verdad, de la que pone la vida en peligro, se encargaba un helicóptero siempre pendiente de su pellejo, tan casposillo como el del camello al que desolló.
Y es que hay "desconexiones" y "desconexiones". Y "supervivencias" y "supervivencias"...
Besos

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