La enfermería llena

Lucas se ha empeñado en prodigar sus virus a diestro y siniestro y ha logrado el muy ladino que Gonzalo y yo padezcamos sus mismos males. Está muy contento, el puñetero, recuperado ya (o al menos "casi") de su enfermedad. Nosotros, sin embargo, caminanos como alma en pena dejando un rastro kilométrico de pañuelos de papel que pondría los pelos de punta a más de un ecologista. Porque si algo tienen estos bichos que hemos cogido el familia es la facilidad para producir secreciones nasales a tutiplén. Eso y la capacidad de distorsionar las voces. Quien me llame estos días que no se asuste: esa voz de ultratumba a lo Constantino Romero después de beber dos litros de cazalla, es la mía. La de Gonzalo se parece más a la de Mickey Mouse con dolor de barriga.
Besos electrónicos y asépticos (alguna ventaja tenía que tener Internet) para todos.

Comentarios

Pablo ha dicho que…
Dices que el gasto en pañuelos de papel amenaza nuestra economía y la selva amazónica, pero aún ningún biólogo se ha atrevido a estimar el peligro ecológico que supondrían dos torrentes incontrolables plagados de miasmas. Al final todavía nos alegraremos de estar en la ruina.
Pau Jordi ha dicho que…
Bueno si estais preocupados por la economia y ecologia siempre podeis utilizar pauñelos de trapo,,, eso si, hay que tener como 200 y usar la lavadora mucho :P y ahora mismo quien tiene ganas de poner la lavadora y extender los pañuelos??

Con que os tendreis que conformar que sean hechos con papel reciclado :P

En cuanto a estar enfermitos pensad que solo queda pablo y todos estareis sanitos por una temporada :P

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