Necesito vacaciones
En esta soledad alemana mía hay algunos días buenos, pocos regulares y muchísimos malos. También hay días, los menos, gracias a Dios, que son de quererse morir. Lo malo es que suelen venir muy seguiditos. Ayer y hoy han sido de esos...
He sufrido una regresión de pesadilla a ese fatídico año pasado, cuando Gonzalo no paraba de llorar y la vida me parecía peor que la peor condena. Pues así hemos estado ayer y hoy: él llorando a lágrima viva cada cinco minutos, sin dignarse a dormir siesta, pidiendo los Yos sin querer verlos, pidiendome el Lego para no jugar, echándose la papilla encima, comiéndose el papel de las chocolatinas (muy divertido, ja, ja, sobre todo porque el chocolate terminó por toda la alfombre), pegándome con rabia cada vez que se frustra y yo, mientras tanto, queriendo morirme, porque no tengo alternativa, más que aguantar y aguantar y aguantar y aguantar. "Pues vístele y vete a dar una vuelta", se atreverá a decir alguien. A ver quién es el valiente que con un dolor de cuello de no te menees (por la tensión) y la lluvia que no para de caer, se atreve a vestirlo en plena pataleta, vestirse uno mismo con la misma pataleta aún en curso, lo mete en el coche, de igual manera, y sale a la calle a no se sabe dónde, mientras intenta que los gritos no lo distraigan de la carretera. Sólo para volver a casa al cabo de un rato y tener más de lo mismo. Pero tres veces más cansado.
Encima hoy he visto que mi cuentecito acerca de un niño que quiere crecer ya existe, así que otra historia a la basura. No sé si merece la pena seguir...
He sufrido una regresión de pesadilla a ese fatídico año pasado, cuando Gonzalo no paraba de llorar y la vida me parecía peor que la peor condena. Pues así hemos estado ayer y hoy: él llorando a lágrima viva cada cinco minutos, sin dignarse a dormir siesta, pidiendo los Yos sin querer verlos, pidiendome el Lego para no jugar, echándose la papilla encima, comiéndose el papel de las chocolatinas (muy divertido, ja, ja, sobre todo porque el chocolate terminó por toda la alfombre), pegándome con rabia cada vez que se frustra y yo, mientras tanto, queriendo morirme, porque no tengo alternativa, más que aguantar y aguantar y aguantar y aguantar. "Pues vístele y vete a dar una vuelta", se atreverá a decir alguien. A ver quién es el valiente que con un dolor de cuello de no te menees (por la tensión) y la lluvia que no para de caer, se atreve a vestirlo en plena pataleta, vestirse uno mismo con la misma pataleta aún en curso, lo mete en el coche, de igual manera, y sale a la calle a no se sabe dónde, mientras intenta que los gritos no lo distraigan de la carretera. Sólo para volver a casa al cabo de un rato y tener más de lo mismo. Pero tres veces más cansado.
Encima hoy he visto que mi cuentecito acerca de un niño que quiere crecer ya existe, así que otra historia a la basura. No sé si merece la pena seguir...
Aquí va la foto del chocolate, que ja, ja, supongo que lo encontraré gracioso con el tiempo, pero ahora intentad verlo desde mi punto de vista...

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