La K-Oso y el bloqueo existencial

Vale. Aquí estoy. Me he obligado a sentarme delante del ordenador y darle a la tecla.
Después de tanto tiempo (no digamos cuánto, ¿de acuerdo?) se me ha ocurrido que quizá no sea una buena idea ensimismarme, aislarme y autocastigarme tanto. Empezaba a parecerme a Joel Fleischmann, aquel inolvidable "Doctor en Alaska", atrapado en su exilio norteño (¿os suena?), incapaz de disfrutar del pueblo más exótico, surrealista y tierno de la historia de la televisión por aferrarse a "lo que debe ser" a ese concepto utilitarista, cínico e hipermaterialista de la vida que está tan en boga.
Entre ser mamá, escribir y el mini-trabajo que hago ahora en Osiris (estoy ayudando un poco con los contenidos y la comunicación) me quedaba poco tiempo para escribir en el blog. Como Fleischmann, me aferré al pragmatismo y me centré en su aparente inutilidad, en que no me servía (ni os servía a vosotros) para nada, así que lo dejé. Ya no parecía importante... Como una criatura abandonada, me llamaba de vez en cuando y yo me mostraba inflexible. Hasta que he visto, de nuevo, Doctor en Alaska. Y he vuelto a escuchar a Chris Stevens en la K-Oso. Y he sido feliz por unas horas entre las nieves invernales.


En todo Yin hay un Yang y con alivio me he dado cuenta de que, aunque la mayor parte del tiempo me comporte como Fleischmann (porque es lo que he aprendido, es lo que se espera de mí) soy en esencia un Chris Stevens, el locutor de la K-Oso: exconvicto y filósofo, salvaje y antisistema, humanista y soñador, el eterno alumno desaventajado. Lo que pasa es que, en vez de un micrófono, yo tengo un blog; en lugar de usar mi voz, uso una pluma; en vez de pinchar música, perpetro relatos...
Es hora de que acepte que, en mi destierro norteño y allá donde vaya, soy una pobre existencialista. De cabo a rabo.
En vez de abstraerme de mis disquisiciones filosóficas debería aceptarlas, abrazarlas y darles salida.
Como diría Stevens parafraseando a Nietzsche, sabed que "vivir es sufrir, y sobrevivir es encontrarle significado al sufrimiento". Así que, si no puedo dejar de filosofar, de pensar en el sentido de la vida y en la inconsistencia del tinglado que nos hemos montado, ¿por qué no hacerlo en público, a plena vista? ¿Por qué no disfrutar con ello? ¿Por qué sufrirlo en silencio?
Por eso he vuelto. Para darle sentido al sufrimiento. Para sobrevivir.
Dad las gracias o maldecid (según vuestra inclinación) a Alaska.
¡Buenos días, Cicely! Aquí Teresa, desde Alemania, escribiendo en directo para quien quiera leerme...


Comentarios

Teresa, siempre puedes mezclar ese guapo y listo locutor con la encantadora Maggie en vestido de tirantes negro tomando cerveza en la terraza a 10 grados bajo cero. A la india recepcionista del doctor y su pachorra con el flemático astronáuta.... Somos prismas que irradiamos luces de colores diferentes a lo largo del día. ¡¡Qué bueno es ser de colores!!
Besos guapa, y que tu Cicely no esté demasiado frío....

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