A las puertas del invierno
Este otoño ha sido atípico en la Baja Sajonia. A excepción de un par de días (en que la caldera aprovechó para darnos un susto en forma de aerofagia), en general estamos teniendo temperaturas tolerables, tormentas como sólo se ven en verano y sol, mucho sol. Es casi más una primavera fresca que un casi-invierno.
Hasta el punto de que, el viernes, tuvimos un día tal que así:
Ya que en casa me sentía como gato panza-arriba, decidí salir a que el vendaval me aclarara las ideas. Y regresé, cinco kilómetros después, con la sensación de haber paseado por una multitud de lugares comunes (si es que un otoño así puede ser calificado de común): el sol lucía radiante, el aire olía a limpio, el viento huracanado, rugiendo en mis oídos, empujaba las nubes, que navegaban como galeones de la tormenta a través del cielo azul...
No es que me molesten las frases trilladas ni las metáforas facilonas per se. Lo que me cabrea es que se me ocurran a mí; a mí... Y (¡oh!, cruel destino) lo peor es que no se me ocurra nada más.
Vamos, Teresa, me dije, tratando de animarme, tú eres capaz de mucho más. Eres una artesana del símbolo, una curranta del retruécano, adalid del chascarrillo, fan del símil chusco, Némesis de la prosa mecánica y arrabalera... ¿Cómo puedes permitir que la vulgaridad te pase por encima, como una apisonadora? ¿Es que no tienes conciencia de clase literaria? ¿Es que no tienes orgullo?
Me entró tal pánico que no fui capaz, en todo el fin de semana, de juntar dos letras sin que me asaltaran las dudas: ¿habré perdido mi toque sutil? ¿Se habrá largado mi musa con viento fresco, harta de mi mediocridad y mis desplantes? Perdí el sueño y, con él, la paz. Estoy perdida, me dije, entre las brumas del insomnio.
Hoy es lunes y ha amanecido nublado, lluvioso, frío, como corresponde a la época, como debe ser, ¡como Dios manda! Calíope (la musa) ha llamado a la puerta. Pasa, pasa, le he dicho; qué susto me has dado, pensé que te habías ido para siempre. ¿Te apetece un café?
No he querido preguntarle las razones de su ausencia. Nos hemos sentado frente a la ventana y, en silencio, hemos visto llover. Luego me ha guiñado el ojo, me ha sonreído y, así, hemos retomado el hilo del otoño donde lo dejamos hace una semana: a las puertas del invierno.
Hasta el punto de que, el viernes, tuvimos un día tal que así:
Ya que en casa me sentía como gato panza-arriba, decidí salir a que el vendaval me aclarara las ideas. Y regresé, cinco kilómetros después, con la sensación de haber paseado por una multitud de lugares comunes (si es que un otoño así puede ser calificado de común): el sol lucía radiante, el aire olía a limpio, el viento huracanado, rugiendo en mis oídos, empujaba las nubes, que navegaban como galeones de la tormenta a través del cielo azul...
No es que me molesten las frases trilladas ni las metáforas facilonas per se. Lo que me cabrea es que se me ocurran a mí; a mí... Y (¡oh!, cruel destino) lo peor es que no se me ocurra nada más.
Vamos, Teresa, me dije, tratando de animarme, tú eres capaz de mucho más. Eres una artesana del símbolo, una curranta del retruécano, adalid del chascarrillo, fan del símil chusco, Némesis de la prosa mecánica y arrabalera... ¿Cómo puedes permitir que la vulgaridad te pase por encima, como una apisonadora? ¿Es que no tienes conciencia de clase literaria? ¿Es que no tienes orgullo?
Me entró tal pánico que no fui capaz, en todo el fin de semana, de juntar dos letras sin que me asaltaran las dudas: ¿habré perdido mi toque sutil? ¿Se habrá largado mi musa con viento fresco, harta de mi mediocridad y mis desplantes? Perdí el sueño y, con él, la paz. Estoy perdida, me dije, entre las brumas del insomnio.
Hoy es lunes y ha amanecido nublado, lluvioso, frío, como corresponde a la época, como debe ser, ¡como Dios manda! Calíope (la musa) ha llamado a la puerta. Pasa, pasa, le he dicho; qué susto me has dado, pensé que te habías ido para siempre. ¿Te apetece un café?
No he querido preguntarle las razones de su ausencia. Nos hemos sentado frente a la ventana y, en silencio, hemos visto llover. Luego me ha guiñado el ojo, me ha sonreído y, así, hemos retomado el hilo del otoño donde lo dejamos hace una semana: a las puertas del invierno.


Comentarios
pd, de parte de alguien que no es como dios manda :P