Indigestión literaria

Hace días que le doy vueltas a una entrada y no termina de convencerme. La giro, la desenfoco, le cambio el orden a los párrafos, doy un brochazo aquí, otro allá... ¡Y nada! No hay manera de centrar el tema, ni siquiera de hacer que suene bien.
Me siento como un rumiante, con el vientre lleno de estómagos en los que se maceran ideas. De vez en cuando una me vuelve a la boca: la saboreo, la mastico, le doy vueltas con la lengua, la aprieto contra el paladar y la vuelvo a tragar sin haber sacado mucho provecho de ella. Es un poco desesperante. Y me está produciendo acidez.
Quizá se deba a una úlcera ortográfica, o a una indigestión por metáfora en mal estado. A lo mejor es que he tomado una sobredosis de literatura testimonial rancia. Sí... Quizá sólo se trate de eso y con un par de días a base de modernos, postmodernos y románticos se recupere la flora de mis intestinos literarios. Probióticos para la pluma (y el teclado).
Saludos.

Comentarios

Entradas populares