Desconciertos culturales

De verdad, uno ya no sabe a qué atenerse con estos teutones. Después de siete años aún me debato entre admirarlos o maldecirlos; y a estas alturas no sé si alguna vez lograré decantarme.
Hace unos días, nuestro Kindergarten cumplió 50 años. Para festejarlo, se preparó un jolgorio para los niños, los padres, los abuelos y los vecinos del pueblo. Nos convocaron ayer, sábado, a las 13:45 para comenzar a las 14:00. Por supuesto, con tanta gente pululando por allí, la cosa comenzó un cuarto de hora más tarde y, tras cantar una única canción horripilante (tengo pruebas, aunque nunca me atreveré a enseñarlas en público), tuvieron el cuajo de mantener a los niños a pie firme, bajo la llovizna discontinua y el fresquete, los 40 minutos que duraron los discursos.
Algunas madres díscolas nos acercamos a entregarles abrigos a nuestros retoños, que ya se desperdigaban y lloraban e, incluso, se peleaban, de puro aburrimiento. Después la cosa mejoró y, a pesar de todo, la tarde fue relativamente agradable: los juegos fueron divertidos (aunque siempre individuales), los jóvenes de la parroquia nos amenizaron con un concierto, la Tarta de Santiago que doné (y luego pagué a euro el trozo) me salió buenísima, y los alemanes... Bueno, los alemanes, en su línea: te dejan con la palabra en la boca, se sientan en otra mesa a pesar de que habéis ido a tomar café juntos, te despides de ellos y hacen como que no te ven. En España eso es abiertamente hostil, pero aquí parece ser lo normal (he visto que se lo hacen entre ellos, lo juro). A veces creo que no les gusto porque mi expresión facial (la que llevo puesta en este país) es una mezlca de estupefacción e incredulidad, con tics puntuales de desconcierto absoluto. Lo que os acabo de decir es sólo un ejemplo; ahora voy al meollo criollo:
Al día siguiente, o sea hoy, la celebración seguía con un Gottesdienst (misa, eucaristía, servicio dominical, ponedle un nombre). No es que seamos especialmente religiosos (vamos, que no lo somos ni un pelo), pero los niños habían estado ensayando mucho e iban a ser los encargados de amenizar musicalmente la ceremonia. O eso entendimos, al menos.
La cita era a las 10:45. Cuando hemos llegado, a las 10:50, nos ha sorprendido el silencio de los alrededores. La puerta estaba ya cerrada. Cuando hemos abierto y hemos entrado en la iglesia... ¡¡Ya habían terminado de cantar!! Los niños se estaban bajando del escenario y se iban cada uno a su sitio con sus papás. Eso era todo. ¡Una sola canción! ¡Ya! Más que un concierto, ha sido un desconcierto...
Vale. Sí. ¡Lo admitimos! Hemos llegado cinco minutos tarde. Pero es que no estábamos solos. Hemos coincidido con tres niños más. Por cinco minutos, cuatro niños se han perdido la actuación para la que tanto habían ensayado (que también, para una canción...). Leony se ha echado a llorar, decepcionada y triste. Lo mejor: la reacción unánime. Nos hemos ido todos. Los otros tres niños, a sus casas. Nosotros, de excursión, a pesar del frío otoñal (12ºC): hemos visitado una torre de vigilancia del siglo XVI, hemos comido por ahí unos pollos asados y hemos ido al cine, a ver "Los Pingüinos del Señor Popper". Y todo ello en un tiempo récord: a las 15:45 estábamos de vuelta en casa. De verdad, estas cosas sólo pasan en Alemania. ¿O no?

Comentarios

ELena ha dicho que…
me has dejado estupefacta, en 5 minutos habia acabado todo....
desde luego no lo habia oido en mi vida. lo que tienes que bregar desde luego..
ELena ha dicho que…
y tan hostiles son??
Teresa ha dicho que…
No es que sean exactamente "hostiles", es que son demasiado "secos" y poco sociales para los estádares españoles. En el fondo son buena gente, de verdad, como casi todo el mundo, jajaja. Pero claro, el shock cultural a veces me deja completamente estupefacta. ¿Cómo se ve la cosa desde Francia? Un abrazo desde España, que estoy de vacaciones, y por eso he tardado unos días en conectarme de nuevo :)
Pigscuit ha dicho que…
Qué raros son en algunas cosas (o qué raros somos nosotros!!) A mí lo que más me sorprende es el silencio absoluto con el que comen en algunos restaurantes. Una vez estaba con mi familia (éramos unos 10) y estábamos hablando en un tono normal y todos nos miraban como si eso fuera una feria. Para algunas cosas son muy...rectos

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