Los cincuenta caballeros de la tabla redonda (I)
Sí, el (I) es una amenaza: habrá segunda parte y no, no hablo de la corte del Rey Arturo. Hablo de mi mesa de trabajo de los últimos meses y de mi afán por terminar la revisión de "Cincuenta caballeros" ¿Que os lo explique? Si os empeñáis...
Desde que llegué a Alemania he estado en constante búsqueda de un rinconcito de trabajo, un lugar propio donde poder exprimirme la cabeza a gusto y volcar mi verborrea mental sin interrupciones ni distracciones (una labor poco menos que imposible al combinarse en mi humilde persona las tareas de madre y chacha full time). Agarráos los machos porque voy a dar rienda suelta a mi salvaje locuacidad:
Al principio fue el verbo, y el verbo se hizo mesa en IKEA. Era una mesa de comedor gigante que convertimos en mesa de trabajo y en la que colocamos nuestro enoooorme ordenador.
Luego hube de trasladar mi oficina al hospital, pero allí casi no escribía, más bien me dedicaba a otras cosas.
Después vino mi etapa "plegatín en el desván", lo cual significa que, aprovechando que mi madre estuvo un mes y pico de baby sitter con nosotros, me subía al desván y me sentaba en una cama plegable con el portátil en las rodillas para poder aislarme de mi... digamos faceta de madre.
Luego tuvimos que cambiarnos de casa, y mi mesa de ordenador se convirtió en nuestra nueva mesa de comedor, mientras yo escribía en un precioso carrito de cistal que compramos para el nuevo salón.
Sucedió que, por su reducido tamaño, allí no podía desparramar mis notas, mis apuntes, mis esquemas o mis fichas, así que más tarde me mudé a mi antigua mesa de trabajo/nueva mesa de comedor en (¿cómo lo habéis adivinado?) nuestro comedor. Pero con cada desayuno, comida, merienda o cena llegaba la debacle...
Podía haberme dado por vencida, pero como estoy empeñada en seguir adelante (¡válgame Dios!) con esta estúpida idea de juntar letras, he decidido darle uso a un rincón vacío de mi habitación y he reciclado mi primera mesa de comedor (una redonda extensible) de forma que ahora mismo estoy en una mesa redonda con"Cincuenta caballeros" (la novela que escribí en el plegatín del desván). Lo podéis comprobar en la foto:
Por eso este post se llama Los cincuenta caballeros de la tabla redonda (I). Y por eso voy a callarme ya y voy a dejar el resto para mañana.
Besos
Desde que llegué a Alemania he estado en constante búsqueda de un rinconcito de trabajo, un lugar propio donde poder exprimirme la cabeza a gusto y volcar mi verborrea mental sin interrupciones ni distracciones (una labor poco menos que imposible al combinarse en mi humilde persona las tareas de madre y chacha full time). Agarráos los machos porque voy a dar rienda suelta a mi salvaje locuacidad:
Al principio fue el verbo, y el verbo se hizo mesa en IKEA. Era una mesa de comedor gigante que convertimos en mesa de trabajo y en la que colocamos nuestro enoooorme ordenador.
Luego hube de trasladar mi oficina al hospital, pero allí casi no escribía, más bien me dedicaba a otras cosas.
Después vino mi etapa "plegatín en el desván", lo cual significa que, aprovechando que mi madre estuvo un mes y pico de baby sitter con nosotros, me subía al desván y me sentaba en una cama plegable con el portátil en las rodillas para poder aislarme de mi... digamos faceta de madre.
Luego tuvimos que cambiarnos de casa, y mi mesa de ordenador se convirtió en nuestra nueva mesa de comedor, mientras yo escribía en un precioso carrito de cistal que compramos para el nuevo salón.
Sucedió que, por su reducido tamaño, allí no podía desparramar mis notas, mis apuntes, mis esquemas o mis fichas, así que más tarde me mudé a mi antigua mesa de trabajo/nueva mesa de comedor en (¿cómo lo habéis adivinado?) nuestro comedor. Pero con cada desayuno, comida, merienda o cena llegaba la debacle...
Podía haberme dado por vencida, pero como estoy empeñada en seguir adelante (¡válgame Dios!) con esta estúpida idea de juntar letras, he decidido darle uso a un rincón vacío de mi habitación y he reciclado mi primera mesa de comedor (una redonda extensible) de forma que ahora mismo estoy en una mesa redonda con"Cincuenta caballeros" (la novela que escribí en el plegatín del desván). Lo podéis comprobar en la foto:
Por eso este post se llama Los cincuenta caballeros de la tabla redonda (I). Y por eso voy a callarme ya y voy a dejar el resto para mañana.
Besos


Comentarios
La unica diferencia es que mis montones son mas altos y mas desordenados :P
Va animo con con la revision que ya falta poco :)