Muertos de hambre

Esta semana está siendo un poco extraña. Aparte de toser mucho y dormir poco, he estado, como suele decirse: "más liada que la pata de un romano."
El lunes fui al médico y luego tuve que hacer compra de urgencia. El martes después de comer hubo fiesta en el KinderGarten con los niños y los papás de la clase de Lucas. Como pidieron contribuciones para la merienda, por la mañana estuve haciendo bizcocho. Y como Pablo no se pudo escapar del Instituto, me tuve que llevar a los dos (al menos Gonzalo no se aburrió ni pizca, que era lo que me temía).
El miércoles, después de mi Café semanal en Northeim, Pauline se quedó a jugar por la tarde hasta después de cenar. ¡Seis horas de animación y entretenimiento infantil sin despeinarme! A veces, no sé de dónde saco las ideas... ¡Y gratis! Soy una auténtica ganga.
Ayer, jueves, hubo fiesta en el KinderGarten con los niños y los papás de la clase de Gonzalo. Los bizcochos los hicieron ellos (bastante pasables, por cierto, ja, ja, ja...) y los papás llevamos las bebidas. Y, como Pablo no pudo escaparse de Instituto (bueno, miento, arañó tres cuartos de hora), me tuve que llevar a los dos otra vez.
Por suerte hizo buen tiempo y estuvimos todo el rato en el jardín del KiGa: mientras Gonzalo jugaba con sus amigos, Lucas y yo hicimos manualidades, montamos en bicicleta, nos tiramos veinte veces por el tobogán, nos columpiamos, hicimos una carrera de coches y nos trajimos medio arenero puesto.
Nos quedamos los últimos y aún estuvimos ayudando a las profes a recoger las palas y los cubos. Cuando volvimos a casa, les di la cena a los peques: una hamburguesa casera con queso, cuatro salchichitas, una loncha de salami y un postre de frutas.
Era un poco antes de lo habitual pero no habían merendado casi nada, tenían hambre y (como su padre no iba a llegar antes de las 19:00) quise que pudieran ver Wickie el Vikingo en la tele antes de ir al baño y aún así se acostaran a las 20:00, como mandan los cánones alemanes (y eso que somos los trasnochadores del barrio, ¿eh?).
En fin, el caso es que, cuando vino Pablo y se los llevó a la bañera, yo estaba tan agotada que me quedé frita. Y cuando me desperté, al cabo de poco más de media hora, me sorprende un olorcillo a tortilla francesa proveniente de la cocina. Me levanté a la velocidad del rayo y cuando llegué... ¡Ya era demasiado tarde! Su padre les había dado de cenar ¡OTRA VEZ! ¡A los dos! ¡Tortilla con queso y un yogurt!
Huelga decir que me enfadé muchísimo. Tanto más porque las cosas de la cena "número uno" aún estaban sin recoger...
"Ya me parecía raro, pero pensé que eran los platos de la merienda..." (contestación de genio despistado que no sabe ni dónde tiene el pie izquierdo).
"¿Y qué excusa tienes tú, Gonzalo, para no decirle a papá que ya habíais cenado?", le pregunté, con el ceño fruncido.
"Es que... ¡Aún tenía un poco de hambre!"
¡Pobres criaturas: desnutridos y famélicos!



Se les notan las caritas de niños "biafreños"...
Me he pasado toda la noche soñando que se les cortaba la disgestión y que les daba un cólico, un patatús o un tabardillo... Menos mal que no soy aprensiva.
Besos

Comentarios

Pau Jordi ha dicho que…
jajajajaja...

A ver para empezar rompo una flecha por pablo, el pobre chico ultimamente esta de los mas agobiado, solo hace falta verle la pobre carita que hace.. que da ganas de achucharlo y meterlo en la cama.

Y ese gonzalo me encanta, pobre si tenia hambre no iba a desaprovechar la ocasion de volver a comer no ?

En fin , si estais muy necesitados os puedo enviar unas escudellas catalanas, botifarra amb pesols o el postre portugues que me encanta la letria,,

Vosotros mantenerme al tanto si lo envio o no :P
Teresa ha dicho que…
Se aceptan todo tipo de envíos gastronómicos de índole ibérica (procedentes de la península y/o "Ibéricos": nótese bien la dualidad).
Estamos muy necesitados de materias primas patrias... Yo creo que por eso se me quedan con hambre, ja, ja...
Besos

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